¿Tienen los abuelos derecho a pedir visitas para relacionarse y ver a sus nietos cuando los padres se niegan a ello?

Los abuelos tienen derecho a visitar a sus nietos salvo existencia de una causa justa para denegarlo

Según el artículo 162 del código civil, el derecho genérico de cualquier menor de edad a relacionarse con su familia extensa, sin embargo, tal derecho puede ser denegado cuando concurra una justa causa y el objeto del proceso está en determinar si tal justa causa existe en el caso que nos ocupa.

Resulta interesante la sentencia dictada por el juzgado de familia de la ciudad de Logroño que deniega las visitas a unos abuelos que las solicitan.

A continuación comentaremos el resultado de procedimiento dirigido en este despacho siendo que nuestros clientes, en este caso los padres del menor, se negaban a que su hijo se relacionase con los abuelos.

Interpuesta demanda de juicio verbal en la que se terminaba suplicando que, previo el trámite legal correspondiente, en su día se dictase sentencia por la  que estimando la demanda se acordase el establecimiento de un régimen de visitas entre los actores y el hijo menor de edad de los demandados, de cuatro años de edad, siendo  el motivo de controversia la procedencia o no de fijar un régimen de vistas entre los demandantes y el hijo menor de edad de los demandados, que ahora mismo cuenta con cuatro años de edad, al existir parentesco entre ambos, siendo los actores sus abuelos paternos.

En el caso presente nos encontramos con unos progenitores que se oponen radicalmente a la relación entre los abuelos paternos y su hijo de cuatro años porque el padre de la menor, hijo de los actores y también la madre, tienen el temor fundado de que esa relación perjudique a su hijo.

El demandado indica que siempre de niño tuvo una infancia peculiar debido al control férreo que sobre él ejercían sus padres, y en particular su madre. Se trataba de una sobreprotección excesiva que le impedía llevar a cabo actividades normales como ir a excursiones con el colegio salir con sus amigos, le controlaba en el patio del recreo que se veía desde la casa familiar, etc. Posteriormente el demandado indica que logró encontrar un empleo e independizarse de sus padres, dejando la casa familiar en 2001 sin recibir desde entonces ayuda de sus padres de ningún tipo.

El demandado indica que la actitud de su familia empeora cuando contrae matrimonio con su actual esposa, puesto que ella no fue aceptada por sus padres, de tal forma que a partir de entonces se han producido conflictos como por ejemplo en el bautizo de le menor en el que el no quiso acceder a que su hermana fuese la madrina y los abuelos se oponían a que fuese padrino un amigo suyo.

El demandado indica que ha sufrido amenazas verbales constantes de sus padres de no acudir al bautizo si no hacia lo que ellos querían, no asistir a su boda… y ahora interpreta que el no ceder a sus requerimientos continuos y a su control es el motivo que les ha impulsado para demandar relación con su nieto aun en contra de la voluntad de los padres, puesto que considera que en realidad los actores no tienen interés alguno en crear lazos afectivos con Bruno sino que el niño es un instrumento para imponer su voluntad.

El fallo de la sentencia se ampara en “……La experiencia que esta juzgadora tiene en ejecución de sentencias judiciales que imponen contra la voluntad de unos padres las visitas de su hijo menor, sometido a su patria potestad y bajo su custodia, con la familia extensa, tíos y abuelos, es por desgracia poco alentadora.

El menor vive con sus padres que son su punto de referencia, los adultos que le dan seguridad, de los que toma ejemplo y con los que mantiene vínculo afectivo y contacto constante.

El niño esta imbuido en el ambiente de la unidad familiar que forma con sus progenitores y cuando una resolución judicial le impone por obligación relacionarse con terceros, con los que mantiene vinculo de parentesco pero a los que observa como opuestos o adversarios de sus padres, la experiencia puede ser traumática.

El niño va predispuesto en contra de esas visitas, por lo que como mínimo acude de mala gana, sino asustado, a cumplirlas. Si la familia extensa sabe y puede obviar el conflicto y dar simplemente cariño al menor es posible que exista alguna esperanza de establecer vínculos enriquecedores pero en muchos casos la familia extensa también permite con sus actos o palabras que el menor detecte su postura y reviva constantemente que el está entre dos partes el conflicto.

A ello debe añadirse que las visitas que habrían de fijarse no podrían desarrollarse en un ambiente natural para el niño puesto que lleva casi la mitad de su vida sin ver a sus abuelos y no los identifica como tales, siendo muy pequeño para separarse de sus padres salvo unas horas y ello unido a la antinatural costumbre de los abuelos de que las relaciones con el nieto no hayan sido en casa del menor o en la suya propia sino en un bar o cafetería y el hecho de que la última vez que se unieron todos en torno a una mesa discutieran parece ser que de manera bastante grave delante del menor, por lo que aquí se impondría la necesidad de fijar las visitas en el punto de encuentro familiar, lo que sin duda enrarecería más la situación para el pequeño.

El menor,  con cuatro años de edad va a ser consciente, de imponerse unas visitas con sus abuelos y en contra de la voluntad de sus padres, de que existe un enfrentamiento entre las dos familias y que él, ajeno a su voluntad, se ha colocado en medio. La irritación de su padre ha podido percibirse en el acto de la vista al tratarse el tema de la imposición judicial de las visitas y es evidente que la madre tiene los mismos sentimientos (es palpable que se siente insultada y dolida por la actitud de sus suegros en ciertas situaciones concretas del pasado) por lo que el niño percibirá ese miedo y esa irritación cada vez que haya de cumplir con las horas de visita que se impongan.

Los abuelos no son realistas pues pese a que tratan de ocultarlo o negarlo, saben que existe un conflicto familiar grave y de muchos años ya de duración, que dio lugar a que su hijo una vez independizado no quisiese tener excesivo contacto con ellos y que ellos tampoco han hecho nada por solucionar.

El menor no puede ser utilizado en este conflicto puesto que ello ningún beneficio le reporta. La negativa de los padres obedece claramente a un intento por proteger a su hijo de sufrimientos innecesarios puesto que piensan que el niño no es el fin para los demandantes sino un medido en si mismo para ejercer control sobre el padre del menor.

La juzgadora debe pensar en el beneficio del niño y ese ha de ser el bien fundamental a proteger por encima de cualquier otro. Y en el momento actual de accederse a la petición de los demandantes se generaría más perjuicio que beneficio para el niño.

El menor no tiene vínculos afectivos con los abuelos paternos por lo que la privación de su contacto no le está perjudicando psicológicamente y si bien es cierto que tiene el derecho a poder conocer a su familia paterna extensa, ello no a costa de quebrar la paz de su actual unidad familiar nuclear. Los adultos deben resolver el conflicto que existe entre ellos, normalizar relaciones, ser capaces de comunicarse sin discusiones máxime cuando el niño este presente y solo entonces pueden plantearse relaciones y visitas.

Existe por tanto una causa que permite en este caso no fijar relaciones con la familia paterna extensa cual es el conflicto entre padres y abuelos, conflicto que sin duda perjudicará al menor si hay visitas pero que no le perjudicará de no haberlas. Es por ello que la demanda debe ser desestimada en su integridad.

 

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